La armonía celestial: Las nanas de Mariano Garau y el eco poético de Silvio Tessi
Por Escuela Little People / 19 de mayo de 2026
En el amplio panorama de la expresión artística, la música y la poesía suelen fusionarse para dar vida a obras de profunda resonancia emocional y espiritual. Un ejemplo significativo de esa sinergia se manifiesta en la obra del maestro Mariano Garau y en la presentación que hizo el escritor Silvio Tessi, con especial referencia al proyecto “Ninna Nanna per la Pace”. Esta colaboración artística no solo celebra la belleza intrínseca de las melodías y los versos, sino que se erige en vehículo de un mensaje universal de paz, inocencia y humanidad, valores que, en un mundo en constante tensión, adquieren una importancia psicológica muy relevante y un significado aún más apremiante.
El concierto-cuento “Canción de cuna por la paz”: un viaje musical universal
El núcleo de esta exploración artística es la “Canción de cuna por la paz”, un concierto-cuento que se presenta como un viaje musical a través de las melodías que, en todo el mundo, arrullan a los niños. Estas canciones de cuna, ya sean tradicionales o de autor, en lengua sarda e italiana, o procedentes de las ricas tradiciones de España, de la tradición napolitana del belén o incluso de Sudamérica, comparten un único objetivo: ayudar a los más pequeños a conciliar el sueño y encontrar la paz. En una época en la que la palabra «guerra» nunca ha caído en desuso, y en la que los niños son las primeras y más frágiles víctimas, el significado de estas melodías trasciende la mera función de arrullar, convirtiéndose en un himno a la protección y a la esperanza.
El proyecto “Ninna Nanna per la Pace”, además de ser un concierto, se presenta como un momento, un lugar, una voz que despierta al niño que hay en nosotros, invitándonos a defender el valor de la inocencia y a no perder nuestra humanidad. Esta aspiración del arte y la cultura en general, tal y como se ha expresado en otros contextos, es fundamental para estimular el debate y la reflexión sobre lo que es real e importante, más allá de las superficialidades de la vida cotidiana. Es un llamamiento a la conciencia, a esa alma que, como se observa en ciertas formas de arte, no es retiniana, sino mística, e invita a una percepción profunda de toda la dimensionalidad de la existencia.
La música navideña, que en diciembre llega a todos los rincones del mundo con gran entusiasmo por parte de todos los coros, encontró en Portoscuso, en los años 90, un terreno fértil para esta visión. Es en este contexto donde el maestro Mariano Garau Ha dirigido a un grupo de jóvenes entusiastas, entre los que se encuentran Rita, Cristina, Vincenzo, Carla, Nicoletta, Battista, Dolores, Lisa y muchos otros, en la preparación de cantos para celebraciones y conciertos. Estos jóvenes talentos han ensayado no solo piezas litúrgicas y tradicionales, sino también nuevas composiciones, escritas para los nuevos hijos que llegan al mundo, melodías inspiradas que saben plasmar las expectativas de los niños y las niñas respecto a los regalos que recibirán, aunque dependan de su comportamiento. La actividad expositiva en 2001, con la aparición de nuevas obras, y los eventos de 2004, como las participaciones en Turín y en el Concurso Nacional de Pintura Bienal de Osio, Bérgamo, dan testimonio de una fase de intensa creatividad que se manifiesta en diversas disciplinas artísticas, un fervor que se derrama también en la música.
Mariano Garau: un maestro entre la melodía, lo sacro y la poesía
Mariano Garau se perfila como una figura central en esta narración artística. Considerado un maestro, Garau Ha volcado y derramado toda su alma en un prestigioso libro, una obra que, según el escritor Silvio Tessi, solo un músico de igual talento sería capaz de presentar como se merece. Este reconocimiento subraya lo excepcional de su aportación. Garau Se le describe como un artista que fue alumno de don Allori y que, al igual que su maestro, rinde homenaje a la ciudad de Iglesias, cuna de su formación y de su trayectoria artística. Esta conexión con sus orígenes y con una tradición consolidada, al tiempo que explora nuevas formas, refleja una de las constantes de la creatividad, que busca una base sólida sin dejar de abrirse a la experimentación, como se aprecia en la obra de artistas que, partiendo de su “primer amor” por el grabado, lo combinan con técnicas como el tejido, o que utilizan materiales sencillos como el collage o el temple para expresar conceptos profundos.
Sus notas, que Tessi define como celestiales, envuelven al oyente de una forma que va más allá del mero disfrute musical. Quien tiene sensibilidad y amor por la música, considerada un arte divino, sabe captar las mil sensaciones que evocan estas notas melódicas. La solemnidad y la armonía serena que emanan de la obra se perciben como una fuente límpida e iridiscente, de la que brota un aura conmovedora de sacralidad. Esta dimensión mística y casi trascendente de su música, que nos transporta a cimas elevadas y sublimes, es un elemento recurrente en la descripción del arte profundo, no solo visual, sino también auditivo. Del mismo modo, obras como la “pintura de luz” de De Luca o las “estructuras de lo invisible” de Klee tratan de desvelar una realidad que no es visible de inmediato, planteando interrogantes sobre el ser de la luz que ya no quiere servir para ver, sino solo para ser. Así, la música de Garau, no es solo escuchar, sino una experiencia que nos lleva a sentir, a captar los recorridos de la mente y los colores de fuerte significado simbólico, en una búsqueda abstracta centrada en la luz.
Las páginas musicales del Maestro Garau Tienen la capacidad de ennoblecer profundamente los textos poéticos. Transportan a quienes las interpretan, y más aún a quienes las escuchan, a una dimensión de auténtico disfrute espiritual, una verdadera anticipación de la Aura Celestial hacia la que nos dirigimos con la mente, con el corazón y con nuestros sentimientos. Esta interacción entre la música y la poesía es un testimonio del poder del arte para tocar las fibras más íntimas de la existencia, ofreciendo una forma de sublimación, tal vez incluso de la muerte, como han sugerido algunos filósofos. Este proceso no es solo estético, sino que también tiene una dimensión psicológica, ya que ofrece un espacio donde relajarse tras un día agotador, donde el alma puede por fin “estar en paz”. Las obras de Garau, con su ligereza y delicadeza, aunque aluden a fuerzas indomables, expresan una profunda necesidad de reencontrarse con uno mismo y de compartir esos descubrimientos con los demás.
Silvio Tessi: La voz narradora del mensaje artístico
Silvio Tessi, en su calidad de escritor, desempeña un papel fundamental en la presentación de la obra de Mariano Garau. Su entusiasmo por las notas celestiales del Maestro le cautiva hasta tal punto que se siente obligado a rendirle un homenaje espontáneo. Este testimonio no es solo una reseña, sino un acto de profunda admiración que subraya el impacto emocional y espiritual de la música de Garau. Tessi no se limita a describir la obra, sino que interpreta su mensaje más profundo, actuando como puente entre la composición musical y el público, y amplificando así su repercusión.
La obra de Tessi pone de relieve la importancia de la crítica y la narración en el arte. A través de sus palabras, las composiciones de Garau adquieren una dimensión adicional, la de la reflexión y el análisis, que enriquece la percepción del oyente. La capacidad de un crítico o de un presentador para captar y transmitir la esencia de una obra es fundamental para su difusión y comprensión. Dicho papel, como se observa en otras presentaciones de obras de arte, consiste en “introducir una actuación” o en ofrecer una descripción que guíe al espectador hacia una mayor atención y reflexión. La narración de Tessi se convierte en parte integrante de la experiencia artística, un “lenguaje alfabético” que se suma al lenguaje musical para comunicar y profundizar en el mensaje, transformando la percepción en un acto de conciencia.
El vínculo entre el compositor y el escritor, que se manifiesta en la exaltación recíproca de sus respectivas artes, refleja una tendencia más amplia en la cultura contemporánea. La fusión de diferentes disciplinas, desde la pintura hasta la poesía, pasando por la música y la danza, crea un diálogo interdisciplinar que enriquece el panorama artístico. La colaboración entre Garau Y Tessi no es un caso aislado, sino que se inscribe en un contexto en el que la creatividad explora constantemente nuevas vías para comunicar y expresar las inquietudes y las esperanzas de una humanidad compleja. El arte, en todas sus formas, desde la pintura que se relaciona con las formas arquitectónicas primarias y la visión de lo Absoluto, hasta la música, que con sus notas “a veces tiernas, otras veces dolorosas” plasma la metáfora de las pequeñas existencias humanas, es un reflejo de la condición humana, a menudo ambigua, rica en elementos reconocibles y, sin embargo, carente de naturalismo anatómico, un misterio dentro del misterio.
El valor psicológico y espiritual de las canciones de cuna
Las canciones de cuna, en el centro del proyecto de Garau, siempre han tenido un gran valor psicológico para el ser humano. Son las primeras melodías que acogen a un ser indefenso en el mundo, ofreciéndole consuelo y seguridad. Representan un refugio seguro donde se puede encontrar la paz tras un día o un periodo de grandes dificultades. Este concepto de refugio y paz contrasta claramente con el “momento de desesperación que está viviendo toda la humanidad”, caracterizado por acontecimientos que tienden a embotar cualquier atisbo de sano individualismo intelectual. Las canciones de cuna de Garau, en este sentido, se presentan como un antídoto, una “esperanza para la humanidad” que invita a recuperar lo que hay de real e importante, partiendo del libre albedrío individual y de la capacidad de soñar.
La dimensión espiritual, descrita tan vívidamente por Tessi al referirse a las notas de Garau, no es secundaria. El ’aura de sacralidad“ y el ”disfrute espiritual“ que se derivan de ella son una referencia a una ”experiencia estética mística“ que eleva el alma, transformando la música en una auténtica ”diafanía de lo divino“. Esta es la pintura de un alma, no retiniana, que se manifiesta a través de sonoridades que tocan las ”estructuras de lo invisible“, como habría dicho Klee, esas percepciones profundas que la vista por sí sola no puede captar. La música de Garau, por lo tanto, no es solo una secuencia de sonidos, sino una invitación a sentir, a explorar los caminos de la mente y del corazón, en un diálogo íntimo con la propia conciencia. Esto concuerda con la idea de que el arte, al igual que la filosofía contemporánea, a menudo se interroga sobre el ser y la naturaleza de la realidad, impulsándonos a superar nuestras propias certezas y a enfrentarnos a una paradoja estructural y quizás irremediable. En este contexto, la obra de Garau ofrece una concentración de la regla mnemotécnica del corazón, para un alma enamorada de la paz.
La celebración de estas melodías y de sus mensajes universales —desde piezas tradicionales hasta composiciones de autor, desde Portoscuso hasta Sudamérica— pone de relieve cómo la cultura, la música y la poesía son instrumentos poderosos para tender puentes entre las personas y para reforzar ese “vínculo con lo real” que resulta fundamental para la existencia humana. La música, al igual que la pintura, se convierte en una metáfora activa, no solo por su identidad visual o arquitectónica, sino por su capacidad para evocar mundos interiores y crear relaciones profundas. Esto no es solo un hecho estético, sino fundamentalmente antropológico, capaz de tocar las fibras confesionales y también étnico-antropológicas de cada individuo, más allá de las diferencias culturales.

